Reflexiones – 01

Regularmente en la web de Centro Acuario colgaremos reflexiones hechas por los profesionales involucrados en esta aventura así como de los colaboradores que encontremos por el camino. Fieles a nuestra idea de difundir el conocimiento, ponemos a disposición de todos vosotros estos pensamientos que esperamos os ayuden a arrojar algo de luz sobre esas cuestiones que día a día nos ponen dificultades, de manera que esto cambie y nos llenemos todos de harmonía en nuestras vidas. Este primer escrito es de Sergio Maurel.

 

Los golpes en la vida en ocasiones te hacen reaccionar. Y coger caminos que no esperabas y siguiendo esos caminos entender que todo puede ser mucho mas sencillo. Que a veces la locura esta que llamamos “nuestra vida” no es. Si no una corriente, un rio, que nos arrastra y del que no tenemos ningún control. En las siguientes líneas os dejo reflexiones y experiencias vividas gracias a los golpes de esta vida. Y me gusta explicar por si puedieran servir de algo.

En 2012 un día llegue a casa, y la que entonces era mi mujer me dijo: “Hemos de dejar esto, ya no lo quiero, estamos en fases vitales diferentes.” Yo no sabía si hablaba conmigo, con el perro o ensayaba para un monólogo de teatro. Imaginaros. 12 años juntos, 2 hijos en común, 1000 fotos de familia feliz y ahora esto. Estaba absolutamente descolocado. Y entonces ¿qué pasó?. Pues, algo peor aún. Empecé a creer que tenía razón (ella); que estábamos en fases de vida diferentes, que tenía que cambiar yo para estar bien… Pedía perdón, no sé muy bien por qué. Suplicaba que volviéramos, no sé tampoco muy bien por qué, y todas las patrañas que os podéis imaginar fruto de la desesperación y el pánico a la tan reutilizada frase de “salir de la zona de confort” esa fase en la que hacemos lo mismo todos los días por el resto de nuestra vida. Creo que nadie me ha hecho nunca un regalo tan especial. Bueno, ahora sé que sí; alguien me hizo uno aún mejor. Pero esto lo veréis más adelante.

Me di cuenta de que estaba gris, apagado, viejo y feo. Ahora no estoy gris, ni apagado, pero lo de viejo y feo eso no tiene mucho remedio.

Nos han enseñado en los últimos años que nuestra vida ha de ser de una manera u otra, en función de lo que se espera de nosotros. Nos hemos de levantar, vestirnos, llevar a los niños al cole, ir al taller, a la oficina o a la fabrica, salir del trabajo, recoger a los niños, ir a casa, un día y otro y otro de lunes a viernes. El sábado, actividades extraescolares de los niños jijís y jajás con los padres, pero vacíos. Y para casa. El domingo, paseo, a comer a casa de la abuela o el tío y para casa. Eso, 52 semanas al año. Tómate algo…

Luego, en el mejor de los casos, 2 semanas de vacaciones donde nos encontramos con alguien a quien no conocemos (ahí viene por qué el mayor número de separaciones se producen después del periodo estival).

Bueno, y este rollo ¿para qué? Para que veáis cómo va todo hasta el momento.

Cuando estamos aprendiendo nos dicen: “a ganar dinero”, y todos a ganar el máximo dinero posible, para poder… ¡¡tener cosas!!. ¿Y durante el camino, qué hacemos? Nada. Nada más que ganar dinero. Trabajar, trabajar, trabajar y volver a trabajar. No nos preocupa nada, solo llegar a la meta. No nos preocupa la persona que tenemos al lado. No nos preocupa la familia, solo el objetivo. ¿Y para qué? Para tener más cosas. Cuando hemos conseguido dinero nos dicen: “comprar una casa”. ¿Y qué hacemos? Luchamos con el banco e invertimos todos nuestros ahorros (el que los tenga) en dar la entrada. Pedimos una hipoteca, donde involucramos hasta al espíritu santo, padres, suegros y algún hermano despistado. Y finalmente el Sr. del Banco nos dice (y que faena nos hace): “ya tiene usted su hipoteca”. Y el día que nos dan las llaves decimos “¿y ahora qué?” Pues estaremos pagando esa hipoteca como poco los próximos 20 años de nuestra vida. Mas tarde nos damos cuenta que el coche utilitario que compramos con todo el amor del mundo a los 25 años ya no queda bien a la puerta de nuestro nuevo inmueble. Y que hacemos re-hipotecarnos para conseguir tener ese coche, eso si, un poco mejor que el de nuestro vecino que nos dará, esta vez si la felicidad. Pero no, cuando pasan unos días ves que tu nuevo y estupendo coche no va bien para moverse por la ciudad y decides que lo mejor seria tener un scooter y así seguro que esta vez si por fin serás feliz. Y entonces tienes tu casa, tu coche mejor que el de tu vecino, eso es algo fundamental. Y ese scooter que en lugar de un scooter parece un avión. Pero llega Junio y ¿que vamos ha hacer estas vacaciones? Mi compañera de trabajo se va a marchar a un resort estupendo en el caribe. Y así vamos acumulando ansias y metas una tras otra.

Y fijaos, ¿cuál es el común denominador de todo esto? El objetivo. Y no qué es lo que dejamos en el camino.

¿Qué es lo que realmente os hace felices en la vida? ¡Pensadlo! ¿Es comprar el último modelo de coche? ¿Quizás, comprar ese bolso carísimo? ¿O no será, por casualidad, el tiempo que pasáis con vuestros seres queridos, amigos, familiares…? Algunos de vosotros sois muy jóvenes aún, pero con el tiempo esto os irá calando más. Cuando alguno de vosotros salió al extranjero, o se marcho de casa a ganarse la vida, para hacer un máster, o bien a buscar aventuras, ¿qué es lo que más deseaba? Pues lo que todos. Volver a casa. ¿Por qué?, porque es eso lo que nos hace felices, lo que nos llena; las pequeñas cosas, los pequeños logros. El ver cómo los niños dan los primeros pasos, van creciendo, aprenden, y un día los descubres bailando como locos con una canción de moda; cuando ves que son felices. Ver cómo aquel amigo que perdió el empleo, de repente tiene otro. Cómo somos capaces de relacionarnos. Cómo disfrutas, ¡pensadlo! Solo estar al lado de la persona que amas, sin decir nada, es maravilloso. Si eso no os pasa, quizás es que algo falla. Los pequeños detalles son los que hacen que creas que merece la pena vivir la vida. Eso es lo que nos llena en realidad. No lo que nos han hecho creer, si no lo que creemos realmente. No lo que nos han dicho que queramos, si no lo que queremos de verdad. Pero como la especie humana no aprende, pues nosotros ¿qué hacemos? seguimos con el mismo patrón: buscar el objetivo. Sea el que sea. La casa, el coche, el viaje…

¡No, señores y señoras! ¡No estamos equivocados!

Solo un dato: pasamos el 91% del tiempo sufriendo y preocupándonos por el 99% de cosas que no van a pasar.

Siempre estamos en una tesitura que nos parte en dos: LO QUE NOS OCUPA vs. LO QUE NOS PREOCUPA.

¿Por qué no juntar las dos cosas? ¿Podríamos hacer que nos ocupara lo que nos preocupa? ¿ O bien que nos preocupe lo que hacemos? ¿No tendríamos mejores resultados?

¿Cómo llamamos ha eso? –pues muy fácil- vivir AHORA.

Si resulta que el objetivo es la meta, ¿qué nos pasa? que solo vemos la luz al final del túnel. Es como el caballo al que la zanahoria no le deja ver el bache en la pista. ¿Y que le pasa al caballo? Que se cae y muere. A nosotros nos pasa lo mismo. Solo vemos la meta, el objetivo y no vemos qué queda por el camino. Cuántas noches hemos llegado tarde a casa por acabar el trabajo que era de vida o muerte, cuántas tardes hemos dejado de ir a buscar a nuestros hijos por unas llamadas pendientes. ¿Por qué? Por la meta; por el objetivo.

Yo sé que hay algunos que pensaréis: ¿qué nos explica este hombre ahora de filosofía de vida?

Pues veréis, todo está relacionado. Pero eso será al final.

¿Cuánto hemos de perder para darnos cuenta de que debemos disfrutar de todos y cada uno de los puntos del viaje?

Mirad, yo perdí a mi mujer y a mi familia por estar pendiente del objetivo, el que fuera, en lugar de estar pendiente de ellos. Y aun así no me arrepiento de ninguna de las decisiones que he tomado. Porque me han llevado hasta aquí. Y por el camino he aprendido muchísimo. Pero algunos de vosotros aún lo podéis hacer bien. Y los otros, empezar de nuevo haciéndolo bien.

Nos pasamos la vida pensando en lo mal que lo hicimos y en lo que haremos para no volver a hacerlo mal. Cuando lo que realmente importa es lo que estamos haciendo, ahora. Hacerlo bien ahora en este momento es la clave para no equivocarse.

¿Os gusta la Navidad? Los que tenéis hijos habréis observado esto que os voy a decir. ¿Cuál es el momento más emocionante para un niño? ¡Cuando está abriendo el paquete! Lo que hay dentro es lo de menos. Lo importante es vivir el momento; la emoción de abrirlo. Porque los niños son aún muy listos. Bueno, y porque seguro que han visto Kung fu panda, donde entre muchas cosas positivas sale una frase donde el maestro le dice al alumno: “El ayer es pasado, el futuro es incierto, el hoy es un regalo, por eso se le llama PRESENTE.”

La importancia de vivir el momento, de disfrutar del instante, de saborear el viaje. A veces, hablo con gente y muchos de ellos al finalizar la charla me comentan: “Es verdad, yo cuando estuve en tal sitio o tal otro, lo emocionante fue el viaje, el preparar, los nervios previos…” Los montañeros siempre dicen que lo importante no es la cima; es el camino hacia la cima. Llegas, te haces la foto, 5 minutos y bajas. Mirad en qué punto del camino han sucedido la mayoría de las cosas que os han llenado en la vida.

Y todo esto, ¿por qué nos pasa? Porque anteponemos la razón (la sin-razón en muchos casos) a la emoción. Las decisiones importantes se toman con el corazón no con la cabeza. De quién nos enamoramos, cuándo tenemos hijos, quiénes son nuestros amigos, quién nos acompaña en el viaje… Pues ahí vamos: el corazón es AHORA; la cabeza, la razón, es más lenta. Es el momento, es lo que tenemos ahora, lo que estamos viviendo. La razón es lo que viviremos, lo que ha de venir, y eso ya llegará.

Os explicare otra vivencia personal:

Ya os he comentado que mi mujer me dejó, etc. ¿Y yo qué hice? Lo que todo hombre no inteligente hace. Salir a busca pareja, de nuevo. Ahora no entraremos en si estaba o no preparado emocionalmente, eso lo dejamos para otro rato. ¿Pero cómo lo hice? Pues como lo que llevaba haciendo toda mi vida: “lo quiero ya, lo quiero ahora y quiero eso”. ¿Por qué? Porque el objetivo era la meta. Buscaba sin criterio porque lo que quería era encontrar; no buscar, encontrar. Hasta que, fíjate lo que son las cosas, encontré lo que yo quería. ¡Eh! Pero ¿por qué tener un golpe de suerte, pudiendo dar emoción a la vida? Ella no me correspondía de esa manera; si la conocierais os daríais cuenta de por qué. Me llenaba, me llenaba como nadie en esta vida, me parecía la más guapa, la más lista, la más de lo más… (y tampoco es para tanto). Bueno, ya sabéis. Estaba enamorado, quería estar con ella las 24 horas del día. La quería besar, abrazar, solo sentarme a su lado durante horas… Pero señores, ella no me correspondía de esa manera; pero aun así permanecía a mi lado. Y yo ¿qué hacia? Insistir… sabiendo con la razón lo que el corazón no decía. Fijaos bien: la razón, el objetivo, decía “esa es, cógela”. El corazón, el ahora, decía “quizá más adelante; quizás en otro punto del camino. Disfruta de ella. De su compañía. De su conversación. De su energía.” El anhelo hizo que solicitara ayuda a un coach, conozco una especialmente buena que no fue la que me ayudó a mí. (Si me lo pides os paso el contacto, que seguro que muchos necesitáis algo así). Y en la sesión, después de 1 hora y 45 minutos llegué a una conclusión (fijaos, 1 hora y 45minutos para llegar a una conclusión): solo tenía dos caminos. Quemar las naves insistiendo y alejando a esa persona que tanto bien me hacía o separarme, alejarme yo de esa persona que tanto bien me hacía. ¡Guau! Qué momento, qué decisión tan importante. Estaba… me sentía… hasta importante. Después de un minuto de silencio mutuo (creo que pensando si decir o no lo siguiente) la coach, no haciendo caso del código que les rige, me dijo algo que cayó como una bofetada en mí: “chico, olvidas una tercera vía. Disfruta el camino, vive el momento, disfruta del viaje. Todo lo demás ya se verá”. Fijaos, 1 hora y 45 minutos para tomar una decisión que no era la buena, cuando la buena estaba en el corazón; en el ahora.

Vive hoy, porque el futuro es incierto y no sabes qué pasará.

Aquí fue donde mi vida empezó a cambiar de verdad. Fijaos qué cambio, que esta conferencia la empecé a preparar solo 1 día después de que todo esto pasara. Imaginaos. Imaginaos el impacto que todo esto provocó en mí. Todo un poco por casualidad, sí, pero todo fluía. En 2 horas escribí 8 folios con una buena base. Todo empezó con una llamada casual. Pero todo empezó por algo que vino del corazón del ahora.

Fijaos en la esencia de esto, no os quedéis solo con la historia que hizo cambiar a alguien que se había estrellado una y otra vez sin nunca dejar de hacer lo mismo: buscar el objetivo. El corazón, el ahora, no el mañana, fue lo que provocó el cambio. El mañana ya se verá. Disfrutad hoy, porque mañana no ha llegado aún. Abrazaos fuerte, besaros, haced el amor, quered, amad y hacedlo hoy. No mañana. No penséis en que aquel me hizo, me dijo, me… Eso es pasado, pensad en el ahora. Dejad pasar las ataduras. Porque aquello ya pasó. Hoy es otra oportunidad para disfrutar el momento.

Recordáis que os he dicho que una persona me había hecho un gran favor, pero que otra me había hecho uno aún mejor. ¿Qué os parece? ¿Qué os parece que alguien os regale la posibilidad de cambiar y ver la vida, hoy y ahora? La vida es muy perra y, en ocasiones, hemos de aprender por las malas. No lleguéis vosotros a ese punto. Empezad a pensar ya en ahora, desde hoy. Porque mañana es futuro y el futuro es incierto. Vivid. Vivid el momento.

¡Ah! ¿Queréis saber cómo fue el siguiente paso? Me aparté, dejé tiempo, viví el momento, esperé viviendo hoy. Y todo se puso en su sitio. Como yo vivía el hoy, no me impacienté. Y después de unos días, la volví a ver y ese día de verdad fui yo. Porque viví el momento, me sentía muy bien, sin ninguna presión, estaba aquí, ahora y haciendo lo que tenia que hacer. Vivir hoy; ser yo mismo. Esa fue la clave para ganarme el primer beso. Y bueno, el resto ya no forma parte de esta charla. Pero quedaos con el mensaje: SOLO CUANDO VIVÍ EL AHORA CONSEGUÍ SER YO, Y SOLO CUANDO FUI YO CONSEGUÍ EL OBJETIVO.

 

Sergio Maurel

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